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Hemos recibido hartas muestras de solidaridad y cariño de todas partes, y aunque no curen la enfermedad, si alivianan al corazón.
Hoy uno de mis peores temores se materializó: lloré frente a un grupo de universitarios. Todo empezó cuando intentaba explicarles por qué sus calificaciones no estaban listas, y por qué la clase iba a estar mocha como el águila foxista.
Los profesionales me habían dicho que éste día llegaría, y que no pasaba nada. Pero sí pasó: recibí besos, abrazos y apapachos; ofertas para sustituirme en mis clases de prepa; y números de teléfono y celulares disponibles las 24 horas al día.
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un abrazo sincero